Nuestro México no es uno y nunca lo ha sido, a pesar de las pretensiones que se han dado por parte de los grupos que histórica e histéricamente han detentado el poder proscribiendo todo aquello que no es occidental por el solo hecho de ser diferente, en una cuestión de principios que reafirman un gran racismo e intolerancia ante quienes con su existir cuestionan las raíces mismas del sistema económico imperante y de sus “logros” para abatir una pobreza que recrean y de la cual se benefician.
El indio, ese ser políticamente incorrecto al que me refiero y a quien pienso, no se debe prodigar de los usuales paternalismos que suponían su inferioridad y que en especial le negaban su reconocimiento como ser hábil de forjar su destino.
A fin de cuentas pienso que lo único que hace falta es la disposición para escuchar y tratar de igual a quien lo es sin negar las peculiaridades que encierra la muy verídica condición de minoría en un país del que bien decía Jesús Silva Herzog, aún no forman parte.
- El rostro negado. Pp. 39-43.
- La razón de ser del indio. Pp. 45-51.
- Una, muchas formas de vida. Pp. 73-77.
- La raza de bronce y la gente linda. Pp. 89-94.
- El problema de la cultura nacional. Pp. 101-111.
- El indio enemigo. Pp. 156-160.
- La redención del indio por la vía de su desaparición. Pp. 170-176.
- El nuevo rostro del México imaginario. Pp. 176-186
BONFIL BATALLA, Guillermo. (2006). México profundo. México: Debolsillo.

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